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02 November 2010 @ 02:49 am
Fanfic: Tiemblo al cantarte, EspañaxRomano  
Fic rápido sin mucho sentido y/o trama :3 Espero que lo disfrutéis. Las notas y el vídeo para el final.

Título: Tiemblo al cantarte (oh, sí, me rompí la cabeza pensando 8D)
Serie: Axis Powers Hetalia
Pareja: EspañaxRomano (AntonioxLovino)
Tipo: Fluff, romance

Tiemblo al cantarte

Antonio era una persona sencilla. O tal vez se debería decir, un país sencillo. Disfrutaba de pequeños placeres, como tocar la guitarra, contemplar sus tomates crecer mientras los cuidaba con esmero, la paz del campo, mirar el cielo en esos días de nubes alargadas brillando bajo la luz del Sol... Era feliz de aquella manera.

También, de vez en cuando le gustaba yacer en su cama, con un poco de música con un volumen agradable para apreciarla en su plenitud, dejándose transportar a lo que la melodía y la letra inspiraban. Y si esa música era en italiano, le gustaba aún más, por el simple motivo que le recordaba al amor de toda su vida: Lovino Vargas.

Cerró los ojos, apoyando sus manos sobre su torso, la suave brisa cálida que entraba por la ventana acariciando su rostro, el Sol de media tarde iluminando la sencilla habitación de sólo una cama grande, un par de estanterías, armario y escritorio. En el pasado había tenido mucho, muchísimo más, pero el tiempo y la edad le habían demostrado que se vive mejor con lo justo y necesario, no con excesivos lujos como los que se llegó a permitir antes de perder tanto.

Y hablando de perder, ahora, más que nunca sentía que Lovino y él tenían cada vez menos que ver. Seguía pensando en él siempre que no tenía que concentrarse en su trabajo. Aquellos tomates que había recogido por la mañana tenían buena pinta, seguro que a Lovi le gustaría probarlos. ¿Estaría comiendo bien? ¿Estaría haciendo la siesta? Aquella melodía que hablaba de amor, abrazar al amado, de notas melancólicas y cálidas, le hacían pensar tanto en él, cantándolas en la intimidad, porque él jamás admitiría que deseaba todo aquello.

Sonrió para sí mismo, los ojos aún cerrados mientras recordaba su hermoso rostro sonrojado mientras se quejaba por los repentinos abrazos que le daba, o que no le llamara cosas ridículas en público. Pero simplemente, no podía evitar seguir sintiendo aquel enorme cariño que le hinchaba el pecho con calidez, le hacía sonreír, le hacía pensar en lo lindo que era de pequeño y lo apuesto que era ahora de adulto. Le amaba tanto...

-Por favor, ¿vendrás a mi cumpleaños, Lovi~? -le preguntó con voz melosa.

-¡Como si quisiera! Seguro que van tus dos estúpidos amigos y no me da la gana que ese estúpida franchute pervertido me sobe.

-No tiene por qué hacer eso...

-¡Lo hará! Así que no voy, no me jodas más, gilipollas...


Se había sonrojado hasta las orejas, pero al final no apareció. El dolor de no verle aquel año hizo que no pudiera disfrutar aquella fiesta. Deseaba tanto verle... y no es que siempre fuera a todas las reuniones, normalmente le dejaba el trabajo a su hermano, así que verle se había convertido en algo extremedamente difícil.

Suspiró. Aquella canción era tanto como él, le recordaba tanto a él... Cómo desearía que se la cantara...

Pero estaba claro que Lovino no sentía lo mismo por él. Siempre gritándole, pegándole cabezazos, insultándole... Tras tantos años yéndole a ayudar y salvar de todos los males en los que se veía metido, jamás había sido capaz de devolver ni una gota de cariño, ni una gota de amor.

No iba a llorar por ello, ya lo había hecho cuando les contó alarmado a Francis y Gilbert que Lovino no le quería, y lo único que le contestaron fue: "Ya era hora que te dieras cuentas, Toño."

Era tan triste aquello que ir a recoger tomates había dejado de tener su gracia. Que saliera el Sol cada día seguía siendo agradable, pero no le veía tanto sentido ni lo disfrutaba como antes. Su amada guitarra fue la compañera de los momentos de soledad en los que no podía evitar pensar en él. Ahora se encontraba a un lado en su cama, pero no estaba con ánimos de tocarla, simplemente quería escuchar aquella canción en italiano, mientras deseaba tenerle cerca.

Poco a poco la melodía fue disminuyendo su volumen, pero extrañamente, la voz siguió cantando. No recordaba que fuera así, por lo que abrió los ojos y se incorporó un poco en la cama. Su corazón comenzó a latir excitado mientras una sonrisa enorme hasta un punto casi ridículo iluminaba su rostro como no lo hacía en mucho tiempo.

-In bilico, tra tutti i miei vorrei
non sento più quell’insensata voglia di equilibrio,
che mi lascia qui, sul filo di un rasoio
a disegnar capriole che a mezz’aria mai farò...


La luz, cálida, anaranjada, iluminaba su rostro, sonrojado y de perfil, cantando con el ceño fruncido mientras miraba nervioso por la ventana con la voz melódica que siempre había pensado que tendría, dándole nuevos matices a la canción con ella. El viento movía lentamente su cabello, en especial aquel peculiar rizo, que daba pequeños saltos sobre su cabeza.

-Non senti che... tremo mentre canto
nascondo questa stupida allegria,
quando mi guardi...


Su mirada se dirigió hacia Antonio, sus manos convertidas en puños, pero al levantarse Antonio y tomárselas, estas se relajaron, dejando de temblar.

-Non senti che.. tremo mentre canto
è il segno di un’estate che vorrei potesse non finire mai


La voz se suavizó y sintió las cálidas manos de Antonio, cayosas pero agradables, recorriéndole con cuidado el rostro y enredándose en su pelo. Su vista estaba fija en algún punto en la cabecera de la cama del otro, silenciado unos segundos cuando notó aquellas manos alzar su rostro con cuidado por el mentón y sus suaves labios comenzar a besar lenta y cariñosamente su rostro.

-Il tempo passa e tu non passi mai...

Rió con ternura con aquello, siguiendo con los pequeños besos por aquel rostro amado, acariciando con sus pulgares los párpados cerrados de sus hermosos ojos. A veces se preguntaba cómo a pesar de tantos siglos seguía sintiendo tanto por él y le hacía tan feliz verle, tenerle cerca, que le estuviera cantando. No podía creerse que él no sintiera lo mismo, aunque a veces le tratara como le trataba, él seguía hasta las trancas del que una vez fue una más de sus posesiones, pero la más preciada de todas ellas.

La voz se acalló y las manos de Lovino tocaron con timidez las del otro, posándose sobre ellas.

-¿S-se puede saber qué haces...? Deja de besuquearme, baboso... -se quejó casi sin voz, mirando a otro lado, con un puchero por pura cabezonería y las mejillas rojas bajo las palmas del otro.

-Te echaba de menos... -le dijo con una pequeña sonrisa, esta vez dándole un corto y casto beso en los labios-. Y sé que te gustan los cariñitos cuando nadie más puede verlo -no había sido ese típico canturreo con el que le provocaba tan a menudo, había sido una voz seria pero cargada de amor que le hizo temblar durante un par de segundos.

Se esforzó, vaya sí lo hizo, por no sonreír por aquel comentario, pero de poco sirvió: la sonrisa apareció lentamente, primero como una mueca torcida de sus labios, y en los segundos siguientes como una sonrisa relajada y feliz. ¿Cuánto tiempo hacía que no sonreía así? Ni lo sabía, ni tampoco llegaba a comprender cómo se había dejado vencer tan rápidamente. Sería que él también le echaba de menos, y, que de alguna manera, sintiera mucho el no poder ser más honesto con lo que sentía por él.

Gracias a su hermano llegó a sus oídos que Antonio pensaba que no le amaba y que estaba triste como nunca antes. El encontrarlo escuchando Negramaro con tanta atención (o tal vez durmiendo, no lo pudo saber cuando entró), sintió que le debía una disculpa, y se dejó abrazar y devolvió el abrazo.

-Estúpido... -susurró, la voz tapada contra su hombro, sintiéndose minúsculo y protegido en los brazos de Antonio, como siempre le ocurría cuando se encontraba así-. No se te ocurra volver a pensar que no te quiero, imbécil...

El sonrojo le iba a matar lentamente, pero en lugar de que Antonio le separara para verle y estallar de la alegría, como había predecido que haría, le abrazó un poco más fuerte, su cabeza pegada a la suya y sus labios en su cuello provocándole un placentero cosquilleo cuando habló.

-Había mantenido la esperanza... -otro beso, de esos suaves y tan llenos de cariño, sobre su cuello-. Si tú dejaras de quererme no me quedaría nada...

Los dedos de Lovino sujetaron fuertemente la espalda de la camisa de Antonio, tensándose.

-No dependas tanto de mí, idiota, parece como si...

No lo llegó a saber, Antonio volvió a subir el volumen de la música, con una melodia mucho más animada.

-Parlami d'Amore, Lovi~ -dijo con esa sonrisa equiparable al Sol que brillaba sobre él siempre.

Lovino frunció el ceño y se apartó, cruzándose de brazos sobre el pecho y mirando desafiante a Antonio.

-Primero tendrás que dejarme probar esos tomates que vi antes en la cocina. Y después ya me lo pensaré, tienes la cabeza tan dura que no sé si vale la pena el esfuerzo contigo.

La risa de Antonio inundó la habitación, opacando la música mientras salían del dormitorio con sus manos entrelazadas.

-Oh, ¿cómo entraste en mi casa? -se oyó a lo lejos la voz divertida de Antonio.

-¡¡N-no te importa, maldición!!

FIN

Deseaba taaaaaaaaanto escribir algo de estos dos desde hacía taaaaaaaanto tiempo ;^; Pero cada vez que intento escribir algo me sale mal, y este tampoco es que sea mi mejor escrito, fue todo sobre la marcha... Lo único que tenía claro era que quería usar esa canción de Negramaro, con la que tuve la imagen mental de Lovino cantándosela a Antonio por su cumpleaños, en un lugar apartado, pero terminó siendo también varios días después 8'D

Muy fluff y sin sentido, pero reconozco que casi lloro en algunas partes ;3; Estoy más ñoña que nunca XD

En fin, espero que os gustara.

Y ahora, los vídeos:



 
 
Estoy: relaxedrelaxed
Escuchando: Parlami d'Amore - Negramaro